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Post edad dorada

Una vez que el sistema de estudios de Hollywood, dejó de dominar al mercado universal, comenzó a emerger el panorama internacional. Así, películas europeas y japonesas se empiezan a instalar en norteamerica.

En 1940, la primer película que se destaca es la del recién llegado Orson Welles, Ciudadan Kane, que rompe con muchos esquemas que había hasta el momento desde el punto de vista visual, gracias al aporte del director de fotografía Gregg Toland, y narrativo. Esta película marca un hito en la historia del cine mundial y arma las bases para muchos de los cambios que se producen en la cinematografía universal.

Estos años estuvieron marcados por la producción de películas de cine negro como El halcón maltés de 1941 con Humphrey Bogart; Casablanca (1942), de Michael Curtiz, con una pareja protagonista inolvidable: Ingrid Bergman y Bogart. Gilda (1946), de Charles Vidor, con Rita Hayworth y Glenn Ford. Fueron años de gran variedad temática y de excepcionales interpretaciones. Se puede hablar de Charles Chaplin (El gran dictador, 1940), de John Ford (Las uvas de la ira, 1940, con Henry Fonda), de William Wyler (La carta, 1940; La loba, 1941; las dos interpretadas por Bette Davis) y de George Cukor (La costilla de Adán, 1949, con una pareja sorprendente: Spencer Tracy y Katharine Hepburn).

No obstante, el cine estadounidense de los cuarenta se vio delimitado en su producción por la entrada del país en la Segunda Guerra Mundial, que impulsó el cine de propaganda desde el documental y el cine de ficción, en películas en las que el heroísmo del soldado estadounidense quedaba bien destacado, como en Treinta segundos sobre Tokio (1944), de Mervyn LeRoy, y Objetivo Birmania (1945), de Raoul Walsh.

También se vió condicionado en su creación por las iniciativas del Comité de Actividades Antiamericanas. Directores, guionistas y actores sintieron la persecución implacable de la Comisión dirigida por el senador Joseph McCarthy. Fue la denominada "caza de brujas", una batalla política con la que se pretendió sanear Hollywood de comunistas.

En esta tesitura se moverá la producción cinematográfica en los cincuenta, en la que el cine de género continuará su marcha con singulares aportaciones. En el western se revisan sus planteamientos, con películas como Flecha rota (1950), de Delmer Daves en la que el indio ya deja de ser el malo de la película.

El musical alcanza su cumbre con las aportaciones de Stanley Donen y Gene Kelly (Un americano en París, 1951; Cantando bajo la lluvia,(1952). Hollywood produce mucha ciencia-ficción influenciado por la literatura de la época y por la tensión de la "guerra fría" entre las dos superpotencias (Ultimátum a la tierra,1951, de Robert Wise; El increíble hombre menguante, 1957, de Jack Arnold). Y también, comedias (Con faldas y a lo loco, 1959, de Billy Wilder), melodramas (Obsesión, 1954, de Douglas Sirk), historias de ambiente juvenil (Rebelde sin causa, 1955, de Nicholas Ray) y mucho cine de entretenimiento que llega con las superproducciones (Los diez mandamientos, 1956; Ben-Hur, 1959, de Wyler) que acomete la industria estadounidense para intentar atraer a la sala al público que durante estos años vive más pendiente de la televisión y del esparcimiento social.

La hegemonía del cine estadounidense ha predominado desde el pricipio de la historia del cine universal, en primer lugar por razones estéticas ya que el cine norteamericano fue concebido para un público dispar y heterogéneo. Presenta historias fácilmente entendibles por la mayoría pero a su vez cuidadas y atractivas. Por otro lado, el cine de Hollywood ha conseguido instalarse en la cultura de todo el mundo debido a razones también políticas y económicas. El afán de Estados Unidos de exportar su forma de vida americana y su modelo de hacer política, también ha llegado a influenciar al cine.

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